miércoles, junio 17, 2009

Citas VIII

"El viajero ve lo que ve. El turista ve lo que ha ido a ver."
 
G.K. Chesterton (1874-1936)

martes, abril 07, 2009

Kioto, ciudad de jardines y templos.

El color escarlata de los cerezos llenó el corazón de Chieko. “Ah, también este año he podido gozar de la primavera en Kioto”, pensaba, y se detuvo, incapaz de apartar la mirada. No es casualidad que los personajes del escritor japonés Yasunari Kawabata siempre anden rumiando sus problemas o descubriendo el amor mientras pasean por parques y jardines. Tampoco que en “Kioto”, su protagonista Chieko acuda al santuario sintoísta de Heian para ver el florecimiento de los cerezos. Éste, junto a otros puntos de la ciudad como el templo de Kiyomizu-dera y el Sendero de los Filósofos, es uno de los enclaves favoritos por los japoneses para disfrutar del espectáculo natural más relevante de la primavera. Y es que en el país de la tecnología, los Manga, los concursos histriónicos y las jornadas laborales maratonianas, sobrevive aún un profundo amor por la naturaleza y por la belleza efímera que trae consigo cada una de las estaciones.


Los jardines japoneses, aunque honran con delicadeza el esplendor de los paisajes del país, son profundamente humanos en cuanto reflejan el complejo y sensible carácter del pueblo nipón. La contemplación y la armonía son inducidas a través de rocas, árboles, plantas, estanques y senderos en unos diseños que adquirieron un mayor ascetismo en los jardines zen o karensasui, donde la roca, los guijarros y la arena rastrillada invitan a la meditación y a una participación más activa por parte de quien lo observa. Kioto, la antigua capital imperial de Japón durante más de 1000 años y guardiana de la esencia cultural del país, es posiblemente el mejor destino para descubrir en alguno de sus numerosos jardines la delicadeza y sensibilidad de un pueblo celoso de sus costumbres que no quiso abrirse a Occidente hasta la firma en 1854 del Tratado de Kamagawa, que permitió establecer relaciones comerciales con Estados Unidos.


Con diecisiete enclaves designados Patrimonio de la Humanidad y más de 2.000 templos budistas y santuarios sintoístas, podría parecer que la monumentalidad de la ciudad es tan evidente como la que se aprecia en París o Roma. Muy al contrario, su belleza se esconde en gran parte tras muros y portones. Y, en ocasiones, su belleza es tan simple y compleja a la vez como un haiku, el tradicional verso japonés que en tan sólo diecisiete sílabas capta la plenitud de un instante y donde la naturaleza vuelve a ser protagonista: “La dulce noche primaveral / contemplando cerezos en flor / ha llegado a su fin” Quizás cuando el célebre poeta Matsuo Bashō escribiera este haiku estuviera describiendo el final de un día celebrando el hanami, una costumbre muy arraigada que lleva a los japoneses a reunirse con su familia o amigos bajo los cerezos florecidos en torno a una comida acompañada de sake.


El parque de Maruyama-koen es el enclave más popular de Kioto para esta celebración y durante la primera quincena del mes de abril –puede variar dependiendo de la fecha de la floración- la gente acude en masa a festejar y a disfrutar de la belleza del impresionante cerezo llorón o shidarezakura que en él se levanta y que en estas fechas es iluminado a la noche hasta las dos de la madrugada. Los jardines del Castillo de Nijo, antigua residencia de los shogunes Tokugawa, el templo budista de Kiyomizu-dera, uno de los monumentos más sobresalientes de toda la ciudad y famoso por su impresionante terraza apoyada sobre cientos de pilares de madera, y el distrito de Arashiyama, situado al pie de las montañas occidentales de Kioto, son otros de los enclaves recomendados para disfrutar de la floración blanquecina, rosácea o escarlata de los cerezos. O, si se viaja en noviembre, del otro gran espectáculo natural de la ciudad: el otoño.


Al igual que el hanami, el momiji gari atrae a la ciudad a numerosos turistas que, cámara en ristre, no se cansan de retratar una y otra vez las impresionantes coloraciones rojizas de las hojas de los arces, las doradas del ginkgo o las anaranjadas de los cerezos. Precisamente en Arashiyama es muy recomendable realizar una excursión en barca por el río Hozu, lo que permite disfrutar durante dos horas de los colores otoñales mientras se discurre por entre cañones densamente arbolados. Otra de las atracciones del distrito son los bosques de bambú que en él se encuentran y que durante los días de viento proporcionan un auténtico espectáculo sonoro al colarse las ráfagas de aire por entre los altísimos tallos huecos de estas plantas de la familia de las gramíneas que pueden llegar a medir hasta 25 metros. El situado junto a la puerta norte del templo zen de Tenryū-ji es uno de los más famosos de la ciudad.



Otras ubicaciones donde descubrir la pasión japonesa por el otoño son el Pabellón de Plata o Ginkaku-ji, donde un jardín zen abre el camino a un bello recorrido por la ladera de la colina; el gran templo de Eikan-dō, próximo al Camino de los Filósofos y desde cuya pagoda Taho se admiran unas soberbias vistas de la ciudad; y el templo de Kodai-ji, con un bello jardín zen y casas de té o chashitsu y situado al sur del distrito de Higashiyama, famoso por sus hermosos templos –aquí se encuentra el de Kiyomizu-dera- y sus casas tradicionales de madera, presentes en calles como Sannen-zaka, Ninen-zaka, Nene no Michi –donde se levanta Kodai-ji- e Ishibei-kōji, una de las callejuelas más bonitas de la ciudad y cuyo uno de los extremos se encuentra casi frente por frente de la entrada al citado templo.



Junto al distrito de Gion, famoso por sus casas de té y sus exclusivos establecimientos atendidos por geishas, y el colorido y animado Ponto-chō, con una interminable oferta de restaurantes, el Pabellón Dorado o Kinkaku-ji y su reflejo en el estanque conforman una de las imágenes más fotografiadas de la ciudad. Sobre todo en otoño, cuando el rojo de los arces enmarca la dorada fachada de esta antigua casa de retiro que se construyera en 1397 el shogun Ashikaga Yoshimitsu. A un corto paseo, se encuentra otra de las visitas más remarcables de Kioto. Patrimonio de la Humanidad al igual que Kinkaku-ji o Kiyomizu-dera, el templo zen de Ryoan-ji posee el más antiguo y sobresaliente jardín seco o karesansui del país.



Seiscientos años después de su creación, aún hoy es un misterio el significado y la intención que le dio su diseñador, también desconocido. En un rectángulo de 31 metros de largo por 15 de ancho, quince rocas se reparten en grupos de cinco a lo largo de un mar de grava. Y aunque el número 15 denota en budismo la completitud, es imposible ver al mismo tiempo todas las rocas ya que siempre queda una de ellas escondida, se mire desde el punto donde se mire. Por lo visto, y tendiendo en cuenta que se encuentra en un templo zen, se cree que sólo cuando se alcance la iluminación espiritual será posible ver al mismo tiempo todas las rocas. Mientras tanto, el paisaje o la escena que se supone recrea el conjunto sigue siendo un enigma.


Otros de los jardines zen más sobresalientes de la ciudad se pueden contemplar en los templos de Ryogen-in, Honen-in, a tan sólo 10 minutos del precioso karesansui del Pabellón de Plata y famoso por sus dos plataformas gemelas de arena rastrillada y en el de Tofuku-ji, único por tener cuatro jardines, cada uno colocado en un punto cardinal diferente. Desde el hall principal del templo, se pueden observar todos ellos, entre los que destaca el situado al sur, donde un océano dibujado en la gravilla rodea cinco composiciones de rocas que simbolizan montañas y las islas sagradas de Eiju, Horai, Koryo y Hojo.



Completamente diferente a todos los demás jardines es la obra maestra que se esconde tras los muros que rodean al templo de Saihōji, también Patrimonio de la Humanidad. Aquí, el protagonista es el musgo. Nada menos que 120 especies cubren árboles y suelo, aunque para los ojos no expertos en briofitos será tarea ardua distinguir más de cinco. Durante los meses de mayo y junio los colores del musgo se reavivan gracias a las lluvias, lo que le convierte en uno de los mejores momentos para ir a visitarlo. Descubrir esta alfombra de musgo no es tarea fácil, ya que la visita está restringida y sólo se puede acceder a ella escribiendo una carta franqueada para la contestación al templo (Saihō-ji, 56 Matsuno jinjatani-cho, Nishiyo-ku, Kyoto 615-8286), indicando las fechas en las que se desea visitar. También se puede intentar concertar una cita a través del Centro de Información Turística de Kyoto (http://www.pref.kyoto.jp/visitkyoto) Un esfuerzo que, por otra parte, permite disfrutar de una ceremonia budista y de la lectura y escritura de sutras. Toda una experiencia sensorial y espiritual digna de una ciudad como Kioto y de un país misterioso y delicado como un haiku. “Una flor caída / Regresa volando a su rama / ¡Una mariposa!” (Moritake)


© Nuria Cortés. Publicado en Revista Capital.
Fotografías de JNTO y Alberto Paredes.

domingo, marzo 22, 2009

Nueva York... imprescindible II

Y continuando con mi particular lista de sugerencias...

6. Para los amantes de los superhéroes. Un bote de Rayos X, antídotos, galones de invisibilidad, capas, certificados de superheroísmo... todo esto se puede encontrar en Brooklyn Superhero Supply (372 Fith Avenue, Brooklyn, http://www.superherosupplies.com/ ), una curiosa tienda-taller tras la cual se haya realmente una organización vecinal que intenta fomentar el nivel creativo literario en los jóvenes y adolescentes del barrio.



7. Para los amantes del celuloide. ¿Quién no ha paseado por Nueva York de la mano de Woody Allen? ¿Y a quién no le hubiera gustado desayunar en Tiffany's con Audrey Hepburn? ¿Y quién no recuerda la escena de las piernas de Marilyn asomando bajo un vestido elevado por una corriente del metro? Para todos ellos he aquí un pequeño listado de localizaciones míticas del cine rodado en NY: A Woody Allen y a Diane Keaton en "Manhattan" nos los encontramos mirando el puente de Queensboro en Sutton Square, una placita con vistas al East River situada a la altura del final de la 58Th Street. A Marilyn en la esquina de Lexington Avenue con la 52nd Street. A Audrey, mirando el escaparate de Tiffany's en la 5th Avenue con la 57th y también en la Biblioteca de Nueva York -merece la pena entrar- en la 5th con la 42nd Street. A Meg Ryan y su orgasmo fingido los encontramos en Katz's Delicatessen, el deli más antiguo de la ciudad, perfecto para un sandwich a mediodía, y que se localiza en el 205 East Houston Street, en el Lower East Side. El escalofriante escenario de "La semilla del diablo" lo veremos en el Dakota apartment Building (72nd Street con Central Park West), el mismo edificio donde vivía John Lennon y donde fuera asesinado justo al salir a la calle.


8. Para los amantes de los neones y las candilejas. Si se visitara Nueva York en Nochevieja, ¿a dónde habría que ir? A Times Square, por supuesto, donde cada 31 de diciembre más de medio millón de personas esperan bajo el frío intenso a que descienda la bola que anuncie la llegada del nuevo año. Pero y si se visitara Nueva York cualquier otro día en cualquier otra estación, ¿a dónde habría que ir? A Times Square, por supuesto. No importa las veces que se haya visto en el cine ni las veces que nos la hayamos imaginado. Imposible decepcionarse al situarse en medio de esta plaza repleta de luces y sonidos que a punto estuvo de caer en la decadencia total cuando en los setenta las drogas, los espectáculos eróticos y los chaperos atraían a gente de dudosos oficios y ocios. Ahora, la vida ha vuelto a los teatros de Broadway y sus musicales continúan atrayendo a los turistas, que cada vez más incluyen una noche de butaca entre las citas obligadas en la ciudad.




9. Para los amantes de las comidas suculentas. Aparte de las hamburguesas -de las que ya hablé en la primera parte- son también muy buscados los locales donde disfrutar de un buen steak. Si se quiere probar una de las mejores carnes de todo el país, hay que ir a Peter Luger Steakhouse (178 de Broadway, Williamsburg, Brooklyn http://www.peterluger.com/ ), un local con aire de taberna donde se ofenden si pides la carne bien hecha. La visita no sale barata, es cierto, ya que el bistec cuesta 30 $ pero los carnívoros saldrán de allí acordándose más de su estómago que de su cartera. Una nota: no se aceptan tarjetas de crédito. En cambio, si se prefiere una comida con aroma a pastrami, hay que ir a Carnegie Delicatessen, una deli kosher que apareciera en la película de Woody Allen Broadway Danny Rose. Situado en el 854 de la 7th Avenue con la 55th (http://www.carnegiedeli.com/), es famoso por su tarta de queso. No es barato tampoco -en su web se puede ver la carta- pero sus enormes platos son perfectos para compartir entre dos.



10. Para los amantes de los paseos sin rumbo y los lofts. No hay nada como huir por un rato del frenesí de las grandes avenidas y perderse por el SoHo, el barrio cuyo nombre se ha formado abreviando la denominación anterior: South oh Houston Street. Los famosos lofts nacieron aquí, en este antiguo barrio de almacenes y pequeñas empresas que en los 70 acogieron a un buen número de intelectuales que recalaron aquí en busca de alquileres baratos. Por supuesto, hoy las viviendas que se esconden tras las fachadas de los cast-iron buildings se alquilan o se venden a precios no aptos para los bolsillos comunes y sus tiendas, la mayoría de moda, sólo son accesibles -si acaso- durante las rebajas. Pero tanto los amantes de los escaparates como los amantes de la arquitectura disfrutarán paseando por estas calles y descubriendo los numerosos y bellos edificios de amplias ventanas que tanto han aparecido en el mundo del celuloide. Las vecinas TriBeCa y NoLiTa, también merecen un paseo y una parada con café incluído.



Por supuesto, y como ya advertí en la primera parte, falta mucho más Nueva York por ver... Harlem y sus misas gospel, el downtown con la Bolsa y la escalofriante zona Cero, Central Park, el Rockefeller Center, la Estación Central -tantas veces aparecida en el cine-, el Madison Square Garden y los partidos de la NBA... Pero como también dije, esto no es una lista cerrada y son los viajeros los que tienen que completarla. Se aceptan recomendaciones a la vuelta del viaje. ¡Y a disfrutar de Nueva York!
© Nuria Cortés

jueves, marzo 19, 2009

Citas VII

"Hay dos tipos de viajeros: los que trazan el mapa son los que se van; los que se miran en un espejo, vuelven."

"Un toque de canela", del director Tassos Boulmetis

domingo, febrero 22, 2009

Nueva York... imprescindible I

Todos los que vuelven de Nueva York tarde o temprano se encuentran, de frente, casi como si fuera una bofetada, con la pregunta... ¿qué me recomiendas de Nueva York? Difícil cuestión. Hay tantas ciudades dentro de ella, tantas formas de mirarla y vivirla que cualquier lista se quedaría escasa del mismo modo que no hay visita turística suficientemente larga como para poder abarcarla por entero. Por ello, y sin olvidar que cualquier lista de recomendaciones sobre esta ciudad siempre se quedará corta, me atrevo a hacer mi particular despliegue de sugerencias. La mirada de cada cual y su propia experiencia se encargará de completarla... o por lo menos así debería ser. ¡Buen viaje!

1. Para los amantes del arte. Sería imperdonable no visitar el MOMA. Es obvio, pero lo recuerdo. Tampoco hay que dejar de ir al Museo Guggenheim, aunque sólo sea para ver desde el vestíbulo el interior de este magnífico edificio construído por el arquitecto Frank LLoyd Wright. Sus exposiciones son temporales, así que conviene consultar las muestras programadas para las fechas del viaje.

MOMA

2. Para los amantes de las vistas. ¿Quién no subiría al Empire State? Y después, ¿por qué no ver la ciudad desde un ferry camino de Staten Island? Parten de Battery Park, son gratuitos y las vistas de la ciudad a la noche son espectaculares. Tampoco son malas las que se observan desde el The View Restaurant & Lounge, del Hotel Marriot Marquis, situado en pleno Times Square. Su planta giratoria tarda una hora en mostrar una vista de 360 grados de la ciudad, el tiempo perfecto para disfrutar de un par de cócteles después de cenar o de un par de martinis con los que abrir apetito...


3. Para los amantes de las hamburguesas. El Shake Shack, situado en Madison Square Park, tiene fama de ofrecer las mejores de Nueva York; las colas que se forman ya dice bastante ( http://www.shakeshacknyc.com) También es muy recomendada la que sirven en J.G. Melon, en la 3th Avenue con la 74th East o en el 131 de la 2nd Avenue (St. Mark's Place), donde podrás elegir entre las más de 20 hamburguesas que ofrece el Paul's Place. Y si se está paseando por el Greenwich y el West Village, el Corner Bistro(331 W 4th Street con la 8th Avenue) sigue siendo un habitual en las listas top ten de las hamburguesas neoyorkinas.


Shake Shack

4. Para los amantes de la América profunda. En el Meatpacking District, un antiguo barrio de mataderos y comercios de carne que hoy acoge galerías de arte o escaparates tan "fashion" como los de Stella McCartney, Jeffrey o Alexander McQueen, se encuentra el Hogs and Heifers ( 859 Washington St, cerca de la 13th Station) Este bar, que en las noches de los viernes y sábados, se pone a reventar de solteros y turistas en busca de fiesta, muestra su cara más americana el resto de los días de la semana, cuando las Harleys están aparcadas a su puerta y en el interior uno se siente como en un bar de una carretera perdida de la USA más profunda.



5. Para los amantes de lo exótico. A Chinatown hay que ir, eso es indudable, y en el paseo no se debería dejar atrás ni la Doyers Street, situada al norte de Chatham Square ni Mott Street (donde se podría parar a disfrutar de una auténtica cocina china)Para aquellas que tengan ya decidido comprarse algún bolso "de marca", que sepan que no les será nada dífícil dar con los individuos encargardos de susurrar a todo aquel con pinta de turista aquello de "bags, bags of Gucci, Prada... Después, el paseo llevará a la vecina Little Italy, muy reducida ya debido al avance de la comunidad china y, quizás, un poco decepcionante...



Continuará...