El cine estadounidense ha poblado el imaginario colectivo con cientos de imágenes de impresionantes calzadas recorriendo los más bellos paisajes del país, como la mítica Route 66, la llamada Carretera Madre por el escritor John Steinbeck, o las interestatales 15 y 40 a su paso por el desierto de Mojave. Subirse a un descapotable, ponerse las gafas de sol y apretar el acelerador sin otra expectativa más que el puro disfrute del camino es el sueño de muchos amantes de la conducción y del descubrimiento y en la State Route 1 es difícil acabar decepcionado. Con una extensión de más de 1.000 kilómetros, la también llamada Pacific Coast Highway o simplemente la Highway 1, es una de las más bellas carreteras de Estados Unidos y el mejor balcón posible para admirar la belleza de la costa californiana. Acantilados, viñedos, cultivos frutales y suaves colinas se suceden a lo largo de esta vía salpicada de pueblos marítimos y localidades glamurosas que tiene además en San Francisco y Los Ángeles dos de sus paradas imprescindibles, aunque para ello haya que aparcar el coche por unos días.
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| Foto: California Travel & Tourism Commission |
Oficialmente, los extremos de la State Route 1 son al norte Leggett, en el condado de Mendocino, y Dana Point, al sur de Los Ángeles y en el Condado de Orange. La dirección a seguir es lo de menos, aunque sí habría que tener en cuenta la temporada, ya que el verano atrae a demasiados viajeros quitándole a este recorrido parte de su encanto. Lo mejor, la primavera o el otoño, cuando los atascos desaparecen y se puede disfrutar con más tranquilidad no sólo de sus bellos paisajes sino también de las numerosas atracciones que salpican la carretera. Mendocino, uno de los primeros puntos de interés si se empieza el recorrido por el norte, es uno de sus ejemplos. Situada sobre un entrante rocoso que se adentra en el mar, esta coqueta localidad despierta, cómo no, recuerdos de palomitas y cine de verano. Aquí se rodaron películas como Al Este del Edén o Rebelde sin Causa. Será el principio de una sesión continua que volverá a traer más metraje en San Francisco, una de las ciudades más atractivas del país y a la que habría que dedicarle como mínimo tres días.
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| Half Moon Bay. Foto: California Travel & Tourism Commission. |
Una vez se deja atrás El Golden Gate, comienza uno de los tramos más bellos de la State Route 1. Entre San Francisco y Santa Cruz, la carretera descubre a lo largo de 110 kilómetros numerosas playas, siempre tumbadas a la vera de la calzada, que discurre sinuosa guardando grandes sorpresas tanto naturales como culinarias. Half Moon Bay, el principal municipio costero de esta zona, abarrotado de calabazas cuando se acerca la festividad de Halloween; el pueblo de Pescadero, famoso por sus alcachofas -al igual que el pueblo de Castorville, más al sur- y por albergar uno de los restaurantes más populares de la costa californiana, el Duarte's Tavern; y las dunas del cabo Año Nuevo, con sus colonias de elefantes marinos, son algunos de los puntos de interés que aparecen en el camino antes de llegar a Santa Cruz, conocida en el país por su aire excéntrico, sus políticas de izquierdas y, ya en el plano más turístico, su paseo marítimo, donde se encuentran la montaña rusa Giant Dipper, una reliquia de madera de la década de los 20, y el tiovivo Looff, del año 1911, ambos declarados Monumento Histórico Nacional.
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| Monterey. Foto: Nuria Cortés |
Pero a pesar de los encantos que se descubren de camino a Santa Cruz, el plato fuerte de la ruta comienza realmente en la localidad costera de Monterey, en cuyas aguas se pueden ver, dependiendo de la temporada de cada una, ballenas azules y jorobadas. Un aliciente más si cabe para los más de 150 kilómetros de vistas espectaculares y curvas que discurren entre las Montañas Santa Lucía y la escarpada costa del Pacífico. Este tramo, conocido como el Big Sur, alberga tal belleza que escritores como John Steinbeck, Jack Kerouac, Henry Miller o Robert Louis Stevenson alabaron sus paisajes en sus escritos o encontraron aquí inspiración y un refugio donde esconderse del ajetreo urbano y social de su vida cotidiana.
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| Big Sur. Fotos: Nuria Cortés. |
Algunos, como el propio Kerouac, hallaron una paz inmensa entre sus acantilados y otros, como Orson Wells y Rita Hayworth, se enamoraron tanto del lugar que decidieron comprar una cabaña. No les dio tiempo siquiera a disfrutar de ella porque su tormentosa relación acabó al poco tiempo aunque, eso sí, la leyenda del paso de la pareja por el Big Sur aún continúa y en el Nepenthe, el bistrot que hoy ocupa aquella cabaña, aún se siguen pronunciando sus nombres y se escucha esta historia. Anécdotas cinéfilas aparte, la terraza del establecimiento es un lugar fantástico para hacer una parada, comer y disfrutar de las increíbles vistas de esta parte de la costa californiana.
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| Piedras Blancas. Foto: California Travel & Tourism Commission. |
El viaducto Bixby, con sus 80 metros de alto y sus 200 metros de largo, la bellísima playa de Pfeiffer, famosa por sus puestas de sol, la colonia de elefantes marinos de Piedras Blancas, las espectaculares vistas que se contemplan desde el acantilado Ragged Point, las casas como de cuento de Carmel-by-the-sea o el castillo del magnate de la prensa William Randolph Hearst, una curiosa y ecléctica edificación situada en lo alto de una colina de San Simeón y que marca el límite sur de este tramo, son algunos de los enclaves más fotografiados y sobresalientes del llamado Big Sur. Para disfrutar de todo ellos, lo más recomendable es dedicarle medio día, entre otras cosas porque el trazado de la carretera obliga en la mayoría de su recorrido a frenar el acelerador y transitar a una media de 50 kilómetros por hora. Una obligación que realmente se acata gustoso y que desaparece en cuanto se llega a San Simeón y la carretera deja de ser un balcón sinuoso para abrirse de nuevo a las playas amplias y los paisajes suaves.
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| Big Sur. Foto: Nuria Cortés. |
En este punto del camino, los viñedos vuelven a asomar, sobre todo al llegar a la zona de Santa Bárbara, donde de nuevo vuelve el cine de la mano de la famosa película Entre Copas, rodada en la región. Se puede abandonar temporalmente la State Route 1 para conocer sus bodegas o, un poco antes, en Lompoc, visitar La Purísima Mission State Historic Park, donde se encuentra una de las más bellas misiones de California, o seguir en dirección a la bella ciudad de Santa Bárbara, donde uno puede probar en el restaurante Súper-Rica, situado en North Milpas Street, los que dicen son los mejores tacos del país. Y después, incluso darse el capricho de alojarse en el
rancho San Ysidro, un lujoso establecimiento frecuentado por famosos y que en su día acogió a John y Jackie Kennedy durante su luna de miel.
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| Venice. Foto: California Travel & Tourism Commission |
Los nombres propios, sobre todo de actores, vuelven a cobrar protagonismo a partir de las Montañas de Santa Mónica. Los Ángeles se acercan y comienza a notarse sobre todo en la famosa Malibú, con sus espectaculares playas y sus casas de revista asomando a la orilla. La State Route 1 avanza paralela a la costa dejando a su paso otros centros costeros al más puro estilo californiano como Santa Mónica o Venice. Poco queda ya para que finalice en Dana Point, en el Condado de Orange. Y nada nuevo realmente por descubrir. Lo mejor, despedirse de esta increíble carretera y meterse de lleno en el asfalto para finalizar esta particular “road-movie” al más puro estilo “hollywoodiense” . Entrando en Los Ángeles.
Publicado en Revista Capital.