Hace unos 2.500 años, el príncipe Siddharta Gautama se sentó bajo un ficus religiosa y entró en una profunda meditación tras la cual alcanzó el Nirvana, convirtiéndose en Buda. Desde entonces, la pequeña ciudad india de Bodh Gaya, en el estado de Bihar, es el más importante sitio de peregrinación budista. Los fieles que hasta allí acuden se acercan al descendiente del árbol que cobijara al príncipe durante aquella noche, llamado Bochi –iluminación-, y atan pañuelos en sus ramas, esparcen pétalos, encienden lamparitas y queman incienso. Pero la peregrinación no se completa hasta que visitan el Mahabodhi, uno de los más antiguos templos budistas, en cuyo interior se guarda una colosal imagen sedente de Buda tocando la tierra con su mano derecha, la misma postura con la que adquirió la suprema iluminación.

Benarés, India
Ciudad santa desde hace más de tres mil años, cuando era un centro religioso dedicado al dios Sol, Benarés es el principal punto de peregrinaje para los hinduistas. “Más antigua que la historia, más antigua que la tradición”, como la definió el escritor Mark Twain, a ella acuden millones de peregrinos cada año para purificarse o para morir. Esto último es para todo hindú la bendición suprema ya que si la muerte le llega a menos de 60 kilómetros de la ciudad, Shiva lo liberará del ciclo de las reencarnaciones y permitirá que su alma se funda en el paraíso de Brahma, el dios creador. Al alba, la orilla del río Ganges se llena de hombres y mujeres realizando baños purificadores, orando y ofrendando lamparitas de aceite y guirnaldas de flores. Cuando el sol despunta en el horizonte, los fieles le rinden tributo dejando correr entre sus manos entreabiertas el agua sagrada del Ganges. De entre todos los ghats o escalinatas de piedra que se distribuyen a lo largo de cinco kilómetros, es el de Manikarnika uno de los más impresionantes por ser su explanada uno de los crematorios principales de la ciudad. Otro de los enclaves sagrados para los hinduistas es el Templo de Oro en cuyo interior se guarda el lingam más preciado de Benarés, una piedra fálica que simboliza la potencia vital de Shiva.

Santiago de Compostela, España
Cuenta la tradición que a mediados del siglo IX un ermitaño de nombre Pelayo, que vivía en el bosque de Libredón, observó durante varias noches cómo unas luminarias misteriosas que semejaban una lluvia de estrellas caían sobre un montículo deshabitado. Tras el descubrimiento del sepulcro del apóstol Santiago el Mayor se generó una multitudinaria corriente de peregrinación que acabó formando una densa red de itinerarios conocidos en su conjunto como el Camino de Santiago, entre los cuales es el llamado Francés el recorrido de mayor tradición histórica habiendo sido declarado por la UNESCO Patrimonio de la Humanidad. Los momentos de mayor apogeo se produjeron durante los siglo XI, XII y XIII, cuando Santiago de Compostela se convirtió en uno de los destinos más importantes para los devotos tras Roma y Jerusalén. En la actualidad, y tras la decisión del gobierno autónomo gallego de potenciar el Año Santo Compostelano de 1993, el Camino ha vuelto a resurgir con fuerza. Los períodos de mayor afluencia coinciden con los Años Compostelanos celebrados cada 6, 5, 6 y 11 años. Durante el último Xacobeo celebrado en el 2004, Santiago de Compostela recibió la visita de 12 millones de personas, de las que 180.000 obtuvieron la "Compostela", la certificación oficial que acredita que se han hecho por lo menos los últimos 100 kilómetros del Camino a pie ó 200 en bicicleta.
© Nuria Cortés. Publicado en REVISTA VIAJAR

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