
Jerusalén, Israel
Llamada Yerushalayim, casa de la paz, por los judíos y Al-Quds, la santa, por los árabes, Jerusalén encierra en su Ciudad Vieja los principales lugares religiosos de las tres grandes religiones monoteístas del globo: el Muro de las Lamentaciones, el Santo Sepulcro y la Cúpula de la Roca. El primero de ellos es el único vestigio del Segundo Templo que fuera destruido por los romanos en el año 70 tras la Gran Revuelta Judía. Según cuenta la leyenda, el emperador Tito dejó en pie este muro para que los judíos no olvidaran que Roma había vencido a Judea. Sin embargo, ellos lo atribuyeron a la promesa divina por la cual nunca se destruiría por completo el templo sagrado como símbolo de su alianza perpetua con el pueblo judío. Precisamente en la Explanada de las Mezquitas y allí dónde estuviera el recinto más sagrado del Judaísmo se encuentra la Cúpula de la Roca, una de los más bellos y antiguos ejemplos de arquitectura islámica y el tercer lugar más importante para los musulmanes tras La Meca y Medina. En su centro se localiza la roca sobre la cual Abraham, padre de todos los judíos y todos los árabes, estuvo a punto de sacrificar a su hijo Ismael, y desde donde Mahoma ascendió a los cielos para reunirse con Alá durante el mijrav, el viaje nocturno que le llevó desde La Meca hasta Jerusalén.
Siguiendo la Vía Dolorosa se llega a la Basílica del Santo Sepulcro, el lugar más sagrado para la Cristiandad e importante destino de peregrinación desde el siglo IV. Curiosamente, las llaves del templo las custodian desde la época del Imperio Otomano dos familias musulmanas de Judea y de Nusibeh para evitar así las disputas que existían entre latinos y griegos sobre quién debía tener dichas llaves. Levantada sobre el Gólgota, la colina donde Jesús fue crucificado, en el interior de la Basílica se encuentran la piedra donde las mujeres uncieron su cuerpo tras el descendimiento, la roca donde estuvo clavada la cruz, el sitio desde el cual el ángel anunció la resurrección de Cristo y el Santo Sepulcro donde fuera enterrado. El Cenáculo o El Huerto de Getsemaní son otros de los lugares sacros que se pueden visitar en esta ciudad marcada por la santidad que, en ocasiones, causa en los peregrinos el llamado “Síndrome de Jerusalén”, una intensa identificación con algún personaje bíblico que lleva incluso a quien la sufre a vestir túnicas y realizar actos de purificación y abluciones.
La Meca, Arabia Saudí.
La ciudad más sagrada del Islam, aquella hacia la que más de 1.600 millones de musulmanes se postran cinco veces al día, es el lugar donde nació Mahoma, donde se le fue revelado el mensaje de Alá por primera vez y donde él volvió después de su migración a Medina en el año 622. Todo musulmán tiene la obligación, salvo que circunstancias personales se lo impidan, de realizar al menos una vez en su vida el Hajj o peregrinaje mayor durante el mes musulmán de dhu’l-Hijja. Cada año, La Meca acoge pues cerca de tres millones de fieles que asisten a la Fiesta Grande del Sacrificio, en la que millones de corderos son sacrificados en recuerdo de Abrahán. Los peregrinos, vestidos con dos piezas de tela blanca sin costuras, deben completar una serie de ritos entre los que se encuentran dar siete circunvalaciones alrededor de la Kaaba, orar en la llanura de Arafat hasta la puesta del sol y viajar al pequeño pueblo de Mina donde habrán de apedrear al diablo, representado por unas columnas de piedra. El complejo de la mezquita donde se encuentra la Kaaba cubre un área de más de 350.000 metros cuadrados y puede acoger a unos 820.000 creyentes durante el Hajj. La Meca, al igual que Medina, tiene prohibida la entrada a los no musulmanes.
© Nuria Cortés. Publicado en REVISTA VIAJAR

1 comentarios:
Muy interesante tu blog ;-)
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