martes, diciembre 09, 2008

Le Marais, el barrio más in de París

A veces en las ciudades, existen los milagros. Cuando esto sucede, el barrio que estaba a punto de desaparecer bajo los derrumbes llevándose con él negocios, monotonías de vecindario, historias, no sólo no se convierte en escombros si no que renace con más fuerza, como si devolviera con creces la oportunidad concedida in extremis. Este es el caso de Le Marais, hoy un barrio lleno de vida, centro de la cultura gay parisina y hogar de una de las comunidades judías más importantes de Europa, que sobrevivió gracias al escritor y ministro de Cultura de Charles de Gaulle, André Malraux, quien en 1962 aprobó una ley estatal por la cual se protegían ciertos sectores históricos amenazados por la especulación inmobiliaria. Aquellas restauraciones, realizadas por todo el país, devolvieron la belleza de antaño a las magníficas mansiones del barrio, lavaron la cara a muchos de sus edificios pre-revolucionarios e hicieron realidad una frase del propio Malraux: “El arte es una rebelión contra el destino”

Hotel de Soubise

Precisamente la Place des Vosges, la plaza más antigua de la capital francesa y posiblemente la más bella, fue la que cambió el destino del barrio a principios del siglo XVII, cuando fue levantada por el rey Enrique IV para que se convirtiera en escenario de los negocios y las fiestas sociales del París de entonces. Como era previsible, el monarca trajo tras de sí a la nobleza, quien pronto comenzó a construirse mansiones en las proximidades de esta armoniosa plaza formada por 36 pabellones de ladrillo y piedra. Llamada en un principio Place Royal -Napoleón le cambió el nombre por el actual en honor al primer departamento que le pagó impuestos-, en ella vivieron a lo largo del tiempo destacadas personalidades como Descartes, Pascal, el Cardenal Richelieu y Victor Hugo, quien se alojó en el número 6 cuando la plaza y el barrio hacía tiempo que habían sido abandonados por la aristocracia, siempre en movimiento tras los pasos de los monarcas. Hoy, las dependencias donde escribiera el autor gran parte de su obra Los Miserables se han convertido en un museo dedicado a su figura, una interesante visita que hacer después de haber disfrutado de un café bajo los soportales de esta exclusiva plaza que acoge en la actualidad galerías de arte, prestigiosos restaurantes como el tres estrellas Michelín L’Ambroisie y exclusivas tiendas de moda como Issey Miyaké.

Place des Vosges

Entre los alrededores de la Place des Vosges destacan la pequeña Place du Marche Sainte-Catherine, una de las más encantadoras del barrio, la rue St-Antoine, donde se levanta el renacentista Hotel de Sully, y la rue Francs-Bourgeois, una de las calles más interesantes del barrio y escaparate principal de las tendencias que han convertido a Le Marais en uno de los enclaves de moda de la ciudad. Recorrerla permite descubrir no sólo los bellos hôtels particuliers (antiguas mansiones privadas) que en ella se levantan, como los magníficos Hôtels de Soubise, Lamoignon y Carnavalet, en su día habitado por Madame de Sévigné, -una de las favoritas del rey Luis XIV- y hoy Museo de Historia de París, sino también numerosos restaurantes y firmas de vanguardia como Zadig et Voltaire o Barbara Bui que bullen de animación sobre todo en la tarde del domingo, ya que éste es uno de los pocos sitios de la ciudad donde los comercios tienen permitido abrir el último día de la semana, debido sobre todo a que aquí se respeta el sabbat. No hay que olvidar, que a pocos pasos de Francs-Bourgeois, en la rue des Rosiers, se está ya en pleno barrio judío. 

Rue des Rosiers

Llamada así por los rosales que la jalonaban, esta calle peatonal fue en su día el centro de la mayor comunidad judía de Europa que, formada principalmente por sefardíes del norte de África, sufrió una merma considerable cuando los nazis y la policía francesa detuvieron a los asquenazíes y los internaron en los campos de concentración. Hoy, y a pesar del empuje del resto del vecindario, el barrio judío sigue manteniendo su identidad. No hay más que dar un paseo por sus calles para darse cuenta de ello. El olor a cebolla frita flota en la Rue des Rosiers, sobre todo a la altura del restaurante kosher L’As fu falafel, famoso por su elaboración de este plato; los carteles hebreos y la estrella de David aparecen en la mayor parte de los escaparates de las carnicerías, librerías y otros pequeños comercios que aguantan los embistes de la especulación inmobiliaria con tesón y los sábados las sinagogas del barrio se llenan para la celebración del sabbat, sobre todo la ortodoxa Agudath Hakehilot, la mayor de Le Marais que fuera erigida por el arquitecto Hector Guimard, famoso por sus diseños del Metro de París. Lo mejor para no perderse nada es recorrer las calles adyacentes con calma, sentarse en alguno de sus cafés, entrar a comprar especialidades gastronómicas yiddish en alguna de las pastelerías o tiendas de alimentación y, si hay tiempo, visitar el Museo de Arte e Historia del Judaísmo situado en la Rue du Temple. O, si se prefiere, acercarse hasta las tortuosas escaleras de la rue Cloche-Perce, las casas con entramado de madera de la rue François-Miron, que pasan por ser las más antiguas de la ciudad, o a la rue du Bourg-Tibourg, ya en plena zona gay, y probar alguno de los cerca de 500 variedades de té procedentes de 22 países que ofrecen en Mariage Frères, el importador de té más antiguo de Francia. 


Se siga el recorrido que se siga, no se debe pasar por alto la rue de Thorigny, en cuyo número cinco se encuentra el Hotel Salé, una mansión del siglo XVII levantada por un recaudador de impuestos de sal –de ahí su nombre- que pasa por ser una de las citas indispensables de Le Marais, no sólo por su arquitectura y decoración sino también por acoger en su interior el Museo Picasso que, con sus más de 203 pinturas, 158 esculturas, 16 collages, 19 bajorrelieves, 88 cerámicas y más de 3000 bocetos y grabados, es la mayor colección mundial de obras del artista. En propiedad del autor a la fecha de su muerte -ya lo dijo el pintor malagueño: “yo soy el mayor coleccionista de Picassos del mundo”- todo ello acabó en manos del Estado francés gracias a una ley de 1968 que permitía pagar los impuestos de herencia con obras de arte en vez de dinero, ya que el arte está considerado como una importante contribución a la herencia cultural francesa. El Museo también expone otros trabajos de artistas como Cézanne, Degas, Rousseau, Seurat, Chirico y Matisse que formaban parte de la colección particular del pintor español.


Justo al lado del Museo Picasso se puede descubrir por qué Le Marais ha adquirido tanta fama. La rue Veille du Temple, por ejemplo, está salpicada de animados locales como la Belle Hortense, una librería vinacoteca muy conocida en el barrio, o el Au Petit Fer a Cheval, un típico café parisino perfecto para hacer una pausa en el paseo, mientras que en las vecinas rue Charlot y rue de Poitou, se vislumbra las tendencias en el arte y la moda de París. En los últimos años, aquella zona que estuviera abandonada y casi en ruinas por tanto tiempo, ha visto convertir sus viejos almacenes en galerías y boutiques como Moon Young Hee o el Passage de Retz, la mayor galería de arte experimental de Le Marais, situada en el número 9 de la rue Charlot, que muestra desde pinturas abstractas expresionistas americanas hasta cristales venecianos modernos o pinturas haitianas contemporáneas. Aunque si lo que se prefiere son las antigüedades, nada mejor que Le Village, un conjunto de patios situados en el sur del barrio, entre la rue St. Paul, la rue Charlemagne y el quai des Celestines, donde se dan cita cada día cerca de 200 anticuarios, un enclave perfecto para acabar el paseo por uno de los vecindarios más vibrantes, eclécticos y animados de la Ciudad de la Luz. 

Publicado en Revista Capital.
Fotografías: Turismo de París